Entre higos e hígados (etimología)

Entre higos e hígados (etimología)

Entre higos e hígados (etimología)

Hígado en griego se dice hépatos. En latín, iecur. Nada que ver con el ‘hígado’, digo yo. Y tengo razón, porque la palabra no proviene de ninguna de las otras dos. Este es un caso etimológico que me encanta porque mezcla la historia de un término con la de un platillo antiquísimo, pues la gente comenzó a confundir el plato con la forma en que se prepara. Por eso lo elegí como primer tema para esta nueva sección de mi blog sobre lengua. Con ustedes: entre higos e hígados (etimología).

¿Saben lo que es el foie gras? La famosa delicatessen que de vez en cuando crea oleadas de indignación, ya que se prepara de una manera considerada cruel. Se trata de hígado de oca hipertrofiado por haber alimentado al ave con dosis excesivas de maíz. Pero a diferencia de su nombre, el foie gras (hígado graso) no es francés, sino griego.

En efecto, en los tiempos de Aristóteles y sus compadres ya se consumía el hígado de oca hipertrofiado. Con el pequeño detalle de que ellos no tenían maíz. Obligaban a las ocas a comer higos para lograr que tuvieran el hígado graso. El platillo en ese entonces y en ese idioma se llamaba hépar sykoton, ahora sí del griego hépatos: hígado y sykon: higo.

Entre todas las monerías culturales que los romanos les pidieron prestadas a los griegos estaba la receta del hépar sykoton. Hasta que un romano llamado Marcus Apicius le puso su toque al platillo sumergiéndolo en leche con miel para que se hinchara y supiera mejor. Y para que aparte de saber más rico sonara más romano, lo bautizó bajo el nombre en latín iecur ficatum: hígado con higos.

Cómo se confundieron los términos

Pasó el tiempo y iecur ficatum empezó a designar a todos los hígados de todos los animales, incluso al humano. Y por alguna razón, con el tiempo le quitaron el iecur, y quedó como ficatum. Algo así como si nos diera ahora por llamar al órgano “hígado encebollado” y a nuestros tataratataranietos les diera flojera el nombre y le dijeran nada más “encebollado”.

‘Ficatum’ evolucionó al español pasando del asturiano fégadu y el castellano antiguo y portugués fígado. Y como con muchas palabras que empezaban con f, esta se cambió en español moderno por una h desde finales del siglo XV. Esta es la historia de entre higos e hígados (etimología).

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